Lágrimas de sangre. Jordi Sierra i Fabra. Alfaguara, Serie Roja (09/11/11)

206 páginas. 8,50€. Año de edición: 2008

En la senda marcada por títulos como Campos de fresas o Noche de viernes (y seguro que alguna más), el periplo nocturno por Barcelona (aunque no se nombre) de Marcelo, el protagonista, de casi 18 años, simboliza el descenso a los infiernos que recorre este personaje, aunque esta vez a partir de un arranque diferente: no es un asunto de drogas ni de la liberación que los viernes ejerce sobre los jóvenes (aunque sea viernes), sino que su padre le ha vuelto a propinar una paliza de escándalo a su madre, aunque esta sigue culpándose a sí misma y excusándole a él. Por más que su hijo o la vecina, Agustina (con quien subirá a pasar la noche), una señora mayor, le digan que acabará matándola, no le abandonará. De modo que Marcelo resuelve acabar con la situación: buscará a su padre y lo matará con la navaja. Es él o su madre.

Desfilan en esa búsqueda (un tanto desmadejada, caótica) diversos personajes, muchos de ellos dispuestos tan sólo para contrastar la personalidad del protagonista, un muchacho desorientado, confuso, con tendencia a la violencia y una alta capacidad de mentir y engañar para salirse con la suya. Por eso su paso es a veces fugaz, y en alguna ocasión hasta de manera extemporánea. Porque lo importante es el retrato complejo de Marcelo: ni bueno ni malo, ni blanco ni negro, sino compuesto de contradicciones, como cualquier ser humano, y más un adolescente como es este el caso. Su composición es lo más conseguido de la obra.

Nos hacemos a la idea de la existencia de esa familia marcada por la cobardía y el egoísmo de Ricardo Chamorro, el Chancho, padre de Marcelo y de Teresa, la hija mayor, que se largó de casa a los 18 para huir de ese ambiente. El tema elegido por el autor es otro de los grandes aciertos de la obra. El recuerdo del carácter violento del padre y la necesidad de poner punto y final a la tiranía ejercida a través de las palizas se lo recuerdan el dolor de su mano, los dos dedos que le rompió un par de años antes. Por eso no encuentra consuelo en Darío, su mejor amigo, ni en Lourdes, la chica con la que quiere acostarse (a pesar de llevar dos años con Clara, su novia). Y por eso persigue las pistas hacia su padre con ansia, rencor y sed de venganza.

Quizás sobren algunas de las paradas de esta búsqueda, así como personajes secundarios o fugaces. El más meritorio, a pesar de no aparecer directamente, es el nombrado Andrés Carcas, un empollón de clase a quien él y Darío le hacían la vida imposible y que ahora estudia en la universidad y tiene un futuro menos oscuro que él, quien trabaja en un taller y no aspira a muchas metas más en la vida. Esta mención es algo así como el fiel de la balanza para un personaje que se excusa y justifica a través del bestia de su padre, pero cuya trayectoria no hace sino dirigirse hacia su mismo ejemplo.

Los ingredientes de esta novela (violencia, sexo, aventura, ritmo trepidante...) son suficientes como para que resulte atrayente y estimulante. Los dos o tres fallos gramaticales, alguno de los lugares comunes (y repetidos) del autor o alguna metáfora burda que se intercalan no son impedimento para recomendarlo, sobre todo a partir de 3º ó 4º de ESO.

Alfaguara, además, ofrece una guía de lectura bastante completa.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿Porqué el el libro se llama Lágrimas de sangre?