True blood (season 4)

Año 2008. Serie de HBO basada en las novelas de Charlaine Harris que ya va por la cuarta temporada y que incluso posee fecha para el inicio de la 5ª. Esto no termina nunca, y ya uno no sabe cuál puede ser el límite de tanto desvarío. Allan Bell, creador de la conmovedora Six Feet Under, es quien la dirige y se ve que después de tanto drama se dio a las drogas o recibió un fuerte golpe en la cabeza...

Es difícil encontrar algún sentido a esta serie y si la vemos es más por la falta de oferta que existe en los meses veraniegos que por otra cosa. Y es que resulta complicado encontrar alguna trama que enganche o que merezca la pena seguir. El punto inicial, la salida del armario de los vampiros, junto con la relación tormentosa y profunda de la protagonista, Sookie Stakhouse, con el vampiro Bill Compton, daban a la serie un original punto de vista sobre la proliferación de vampirismo, de moda gracias (o por culpa de) a la saga Crepúsculo.

Eso hace tiempo que pasó a la historia, así como algunas consideraciones interesantes que se planteaban, como el rechazo al diferente, el refugio en la religión para soportar los embates de la vida, el aprovechamiento de los curanderos y otras cosas por el estilo. El componente sobrenatural, además del factor colmillos, venía en el don de Sookie, que oye lo que piensa la gente (y los vampiros, salvo Bill, o al menos eso pasaba al principio, ahora ese recurso apenas se emplea salvo en momentos puntuales).

Bien. Pronto ese marco comenzó a verse desbordado por todas partes: aparecieron hombres cambiaformas (Sam Merlotte, dueño del bar del pueblo), hombres lobo, diosas dedicándose al culto de Baco y rematamos la faena con las hadas, en cuyas filas hubo de ingresar Sookie al final de la tercera temporada.

Hagamos un seguimiento por estas tramas:

  • Sookie. El interés ahora recae en el triángulo amoroso (y sexual) que se forma (o se lía) entre ella, Bill (que la había engañado, como se vio en la tercera temporada: ahora se ha convertido en rey) y Eric Northman, vampiro más antiguo que Bill y sheriff de la zona, un sanguinario exterminador de dudosa moralidad, pero que ve borrada su memoria por el conjuro de una hechicera. Parece más interesante de lo que en realidad es. Ni siquiera las bacanales (a menudo en sueños) que se montan consigue mantener la atención. El amor es eterno hasta que se acaba (o se comparte) y ya empieza a resultar cansino el aleatorio amasijo sentimental de la buena de Sookie.
  •  Marnie: esta deplorable mujer (una de sus motivaciones es que todos la deseñan o se burlan de ella) que se dedica a la brujería consigue entrar en contacto con una bruja (española) de la Edad Media: Antonia (habría que ver cómo lo pronuncian ellos, a lo Melanie Griffith). Es la trama más importante de esta temporada, aparte de los amoríos de Sookie. Ambas, Marnie y Antonia, se unen para combatir a los vampiros, sus enemigos mortales. Falta que se suba a una escoba para redondear la jugada.
  • Relacionado con el tema de la magia negra, Lafayette y Jesus. El primero descubre que tiene un gran potencial para la brujería (proporcional a su mal gusto para los peinados). Delirante su viaje a México para contactar con el abuelo de Jesus. Por no hablar de cuando el espíritu de una negra se mete en Lafayette para robar el bebé de Arlene.
  • Arlene y Terry Bellefleur: en un claro ejemplo de por qué las tramas corales a veces no resultan un recurso aceptable, durante buena parte de la temporada creen que su hijo es la reencarnación del asesino del que fue marido de Arlene. Trama (y personajes) totalmente prescindibles.
  • Jason Stackhouse: el hermano estúpido de Sookie es otro de los que fluctúan: primero es violado por la banda de hombres-leopardo (en concreto, por las mujeres, que quieren aparearse y reproducirse). Esa intentona falla, pero entonces pasamos a la segunda parte: se enamora de Jessica, creación de Bill y novia de Hoyt, el mejor amigo de Jason (otro personaje que va pidiendo a gritos una muerte, a poder ser agónica). Por supuesto, se enrollan. Incluso Jess, uno de los personajes más simpáticos de la serie, se nos pone seria y trascendental.
  • Andy Bellefleur: el sheriff (no vampiro, sino humano, de toda la vida, vaya) se ha hecho un adicto al V, la sangre de vampiros, una droga potente y peligrosa. Otra trama que aburre. Sobre todo cuando se juntan él y Jason (ahora también ayundante de sheriff). O cuando se junta con Terry. Bueno, este personaje es que es como el cero, que da igual con quién se multiplique.
  • Sam Merlotte: este cambiaformas tiene que lidiar con su hermano medio tonto medio estafador, Tommy. Se acercan y se alejan según el hermano pequeño se mete más o menos en líos. Parece que se reconcilian cuando Sam encubre el asesinato de sus padres (el padre sobre todo es un explotador), pero luego Tom cambia su forma y se hace pasar por Sam justo cuando la que tontea con él (Luna, otra cambiaformas) decide acostarse con él. Al final, cuando Tom muere se siente algo así como un alivio: un sobrante pelma menos. Y es que Tommy era (y ya eso tiene mérito) el personaje más cargante de todos.
  • Tara Thornton: de lejos, el personaje que más detesto, el más prescindible y absurdo. Es la ejemplificación de que no hacen falta superpoderes para resultar insoportable (aunque lo mismo en un futuro le ponen alitas o se convierte en el yeti). Sus tramas siempre son una especie de satélite girando en torno al resto. Que si su madre alcohólica, que si el vampiro que la secuestra, que si ahora se va a Louissiana y se hace lesbiana, pero vuelve al pueblo y Marnie la convence para formar parte de su aquelarre... Ha pasado de brusca y contestona a brusca y asesinable. Estuvo cerca Pam (la creación de Eric, uno de los pocos personajes divertidos, sobre todo cuando una maldición empieza a pudrir su piel), pero no pudo ser. Oooohhh...
  • Alcide: otro candidato a la cama de Sookie, aunque este es un hombre lobo. Hasta ahora su papel se ha limitado a ser una especie de guardaespaldas, pero esa situación no le gustaba ni un pelo a su novia, la ex-yonqui mujer loba que le planta una corona de cuernos estupenda con el jefe de la nueva manada a la que se juntan, Marcus (que es además el ex marido de Luna).

Pero bueno, no todo iba a ser negativo. Lo mejor de esta temporada es que se han cortado con la músiquita insoportable en momentos tiernos a lo nana, cowboy o qué sé yo, que tanto se explotó en la anterior temporada. Crispaba los nervios. Justo lo contrario con la canción del inicio, Bad things to do, lo mejor de True Blood con diferencia. Vamos, que si no has empezado a ver esta serie, no pierdas el tiempo...

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