Sandman. Fábulas y reflejos (VI). Neil Gaiman. ECC

(256 páginas. 17,95€. Año de edición: 2014)
Suele pasarme con las cosas que me gustan, que no guardo mucha fidelidad al recuerdo más alejado, así que después de disfrutar la comida, serie, película o lectura, pienso que la última ha sido la mejor que he comido, o visto, o leído. En este caso, si lo comparo con otros números de esta maravilla que es Sandman, corro el peligro de desdecirme cada vez que termino un nuevo ejemplar. Pero es que este sexto volumen contiene varias historias que son una maravilla. De la primera a modo casi de prólogo a la última, sin ninguna excepción, el paso de los Eternos (sobre todo Sueño, claro) es una maravilla en forma de narraciones independientes que te atrapan desde el primer instante.

Una cosa que trato de evitar es leer reseñas antes de escribir la mía, pero a veces me puede la emoción y caigo. Corres el peligro de dar con alguna opinión que te gustaría haber escrito tú, pero qué se le va a hacer. La de Adrián Esbilla me encanta porque habla certeramente de aciertos como enriquecer el universo de los Eternos con esta técnica de variedad a modo de contrapunto o lo bien que le viene a "la naturaleza polimorfa de Sueño" que depende tanto de quien lea o quien mire que estén implicados tantos y distintos dibujantes

Gaiman, está clarísimo, es un maravilloso tejedor de historias, un cuentista que conoce a la perfección su oficio. Como le dice Caín a Abel cuando este destripa el misterio de la historia del parlamento de los grajos, "lo que perdura es el misterio, no la explicación"; "El cadáver misterioso tiene una propia magia. A la gente le da igual saber quién lo hizo. Si se lo cuentas, te matarán a picotazos, hermanito". Dudo que a él lo abatiesen nunca a picotazos porque consigue transmitir ese misterio, esa magia que a veces conlleva contar bien una historia.

Después de las dos citas del inicio (me quedo con la de Rustichello de Pisa: "Conozco la historia, ¿sabes? La estoy escribiendo para que no se olvide"), abrimos fuego en 1ª persona con Miedo a caer. Todd Faber es un dramaturgo a punto de estrenar fuera de Broadway La depre de María Tifoidea y a un día del ensayo está de los nervios por el miedo a fracasar y a punto de abandonar. Esa noche tiene un sueño "de los diferentes". Sandman aparece en lo alto de una cima y dice cosas como que "A veces, subir es un error. Pero no intentarlo siempre es un error", y le sugiere una tercera alternativa (aparte de despertar o morir): "a veces, cuando caes, vuelas".

El primer viaje por la historia nos lleva a la Revolución francesa, al periodo del terror impuesto por Robespierre: eso sí, Thermidor se vale de uno de esos personajes secundarios que reaparecen a lo largo del cómic en forma de protagonista, lady Johanna Constantine, que había figurado en algunas viñetas en Hombres de buena fortuna (La casa de muñecas). A ella, una especie de espía, le encomienda Sueño la tarea de salvaguardar la cabeza de su hijo Orfeo (de quien nos contará su historia más adelante), para lo cual tiene que sortear a Louis Saint-Just y al mismísmo RobespierreLa 2ª parte se inicia referenciando los diarios de la propia lady Johanna. Es decir, que continuamos la misma historia (pese a que ahora se titule Termidor, sin hache), pero narrada de forma diferente. La resolución (a la que contribuye Sueño de manera indirecta) es espectacular e imbrica lo histórico con esta ficción.

Algo que vuelve a suceder con August, en el que de nuevo se recurre a las memorias de un personaje (narrador testigo), el enano Licio, que en los últimos años de su vida escribe "ciertos hechos que conozco". No es la única fuente de la historia, porque también tenemos un narrador externo y omnisciente en 3ª persona como superpuesto a estas memorias, para completar la visión de uno de los personajes históricos más importantes: Cayo Julio César Octaviano, más conocido como el emperador Augusto (por quien el mes del año se llama así). En una magnífica demostración de cómo narrar una historia, damos un paseo por la Roma de la época de esplendor del imperio disfrazados de mendigos y conocemos el pasado del emperador. ¿Por qué disfrazarse de mendigos? "Porque tuve un sueño". En él, Sueño se le aparece a petición de Término (aquel que recorre los límites), y le aconseja que haga sus planes el día del año en que deje de ser emperador y sea un mendigo. ¿Y cuál es su decisión? "Término es el único dios ante el que se inclina Júpiter". Ese final inesperado (pese a conocer la evolución de la historia), junto con el descubrimiento del porqué de las pesadillas de Augusto, conforman un relato magistral.

Otra figura histórica, aunque de otra manera, la conocemos en Three septembers and a january: a Joshua Abraham Norton le ronda Desesperación, y esta, apoyada por Deseo y Delirio, le propone un desafío a Sueño: redimir a este hombre. Y lo hará dándole un sueño, que sería el origen de su proclamación como rey de Estados Unidos (Norton I). Eso sí, es un monarca peculiar, medio loco (aunque como dice Delirio, "su locura lo mantiene cuerdo") y, gracias a esa locura y su honradez, es respetado por todo el mundo, empezando por Samuel Clemens, más conocido por el seudónimo de Mark Twain (a quien proclama Norton cuentista oficial y narrador de historias de Estados Unidos de América). Ni siquiera las tentaciones del rey del dolor, auspiciadas por Deseo, consiguen que pierda su dignidad y, al final, Muerte reconoce que, de todos los reyes, emperadores y jefes de estado, se queda con él.

Turno al relato de un abuelo a su nieta Celeste, aunque esta prefiría ver la tele. La caza es este relato que se inicia con un "Hace mucho, mucho tiempo" ("antes de que la familia saliese de nuestro país") en el que Vassily, "un muchacho de nuestro pueblo", se encuentra en el bosque con una buhonera, una gitana que porta en su capazo con todo tipo de cosas maravillosas, como el corazón esmeralda de Koschei el inmortal ("El valor está en lo que la gente cree, no en lo que es real. El valor está en los sueños"). A partir de entonces, el gusano de la aventura y de los desconocido se interna en él, y más cuando la anciana le entrega el colgante con el retrato de la hija pequeña del duque. Parte en su búsqueda y en el camino se encuentra, entre otros seres maravillosos como Baba Yaga, con Lucien (el bibliotecario de Sueño), que quiere el libro del capazo que recogió Vassily al encontrarse con el cadáver de la gitana. Sorprendentemente, una vez que consigue llegar hasta la mujer de sus sueños, decide renunciar a ella ("a veces es mejor no hacer realidad los deseos") y vuelve al bosque, donde se reencuentra con una de su especie con la que vuelve a cazar. El final, de nuevo con el abuelo y la nieta, es de lo mejor del relato.

Volvemos a otro personaje histórico, ni más ni menos que el mismísimo Marco Polo, perdido en el desierto de Lop por una tormenta de arena y unas voces que cree oír. Al despertar, da con un hombre, Rustichello de Pisa, amigo del Marco Polo del futuro, que estaba en una prisión de Génova. La explicación de este es que alguno de los dos está soñando. Más adelante, darán con el Campo del violín, que les explicará que están en uno de los Lugares blandos, "donde la frontera entre los sueños y la realidad se ha erosionado o aún no se ha formado". Cuando desaparecen ambos, llega ni más ni menos que Sueño, que justo acaba de liberarse de su cautiverio. Fabuloso.

Aunque para fabuloso, tenemos La canción de Orfeo, que mezcla mito y fantasía, dividido en cuatro capítulos y un epílogo, y que empieza con un sueño del propio Orfeo, hijo de Sueño. Le despierta su amigo Aristeo porque es el gran día: se va a casar con Eurídice. En la celebración está su madre, Calíope, su padre, y también sus tíos: Teleute (Muerte), Aponoia (Desesperación), Manía (Delirio), Epithumia (Deseo), Olethros (Destrucción, que si no me equivoco aparece aquí por primera vez, creo que es el hermano perdido) y Potmos (Destino), cada uno con su peculiar manera de hablar (bocadillos con fondo negro en Sueño, de colores y caracteres irregulares en Delirio, en mayúsculas y con 'oes' con un punto en medio del círculo en Deseo, pálida y con un colgante egipcio Muerte, grotesca Desesperación, de gran envergadura, barbudo pelirrojo y con armadura Destrucción, encapuchado y encadenado al libro de lo que va a pasar Destino). Durante la celebración, Aristeo bebe en exceso y acosa a Eurídice, que al huir para evitar su violación, es mordida por una serpiente.

Llega la parte (2ª) del mito en el que Orfeo no se resigna a esta muerte y le pide a su padre que le ayude a recuperarla. Al negarse, Orfeo reniega de su padre (algo que no dejará de tener sus consecuencias, pues Sueño es muy orgulloso). Es Destrucción quien le lleva a la casa de su tía, Muerte (genial cuando esta tiene una casa al estilo del siglo XX, al igual que su atuendo, aunque luego se pone más ceremoniosa y cambia el aspecto), que ve la resolución del muchacho y le dice cómo llegar al Inframundo.

La travesía, contada en el capítulo 3, parte de Tainaro y le lleva a conocer a Caronte, el barquero, a eludir a Cerbero y llegar hasta los gigantes Hades y Perséfone. El canto de Orfeo perturba por completo el orden de su mundo y acceden a devolvérsela, pero siguiendo una regla: no detenerse, ni hablar ni mirar atrás hasta haber regresado a Tracia. Y, claro, Orfeo duda de si no le han engañado y la pierde definitivamente. En el capítulo 4 ha pasado el tiempo y se ha convertido en un misántropo ermitaño y por eso no huye ante el aviso de que las Bacantes (las amadas de Dioniso, hermanas del Frenesí) están por llegar. Y, en efecto, en unas escenas brutales y caníbales, sólo dejan de él su cabeza. El epílogo no es sino la separación definitiva con Sueño.

Algo así como un narrador externo en 3ª persona sigue los pasos del inquieto bebé Daniel, que escapa de su cuna y, mientras su madre "descansa" del niño hablando por teléfono, el pequeño alcanza el mundo de los sueños o lo que sea eso, donde un dinosaurio, el cuervo Matthew y Eva (sí, la de Adán) llegan a la casa de Abel y Caín, donde también pulula por ahí Goldie, la gárbola. El parlamento de los grajos será uno de los varios relatos que se cuenten allí. Otros serán el de las tres mujeres de Adán y el de unos pequeñuelos Muerte y Sueño. Aquí está contenida una de las enseñanzas primordiales del cómic: la importancia de contar bien un cuento.

Para acabar, como si no hubiera sido suficiente, el preciosismo del dibujo contribuye a una historia que parece salida de las Mil y una noches, en la que se nos cuenta la historia del rey Harún al Rashid y la magnífica Bagdag en Ramadán. Con un enorme virtuosismo en las viñetas, se nos narra lo espléndida que era la ciudad, lo atormentado que estaba el rey y el viaje que emprende a lo más profundo de su palacio para encontrarse con Sueño, con quien emprenderá una negociación para que Bagdag perdure para siempre. "Y así dicen que sucedió. Pero solo Alá lo sabe todo", dice la última viñeta de la penúltima página, en la que comprobamos que un anciano le está contando esa historia fantástica a Hasán, un niño que, rodeado de los escombros de la actual Bagdag, reza para que sigan "vivos la otra Bagdag (inmortal) y el otro huevo del fénix" (esos detalles "periféricos" de Gaiman me encantan).

Y colorín, colorado, estas maravillosas historias se han (snif) terminado.

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