Breaking Bad. Temporada 5 (primera parte)

(AMC. 16 episodios: 16/07/12 - 30/09/13)
Contiene spoilers

Fantástica. Apoteósica. Cautivadora. Redonda. Sublime. Perfecta. Magistral. Aplastante. Demoledora. Impresionante. Colosal...

Cualquier calificativo (podríamos estirar la enumeración hasta el hastío) se queda corto. Si en general Breaking Bad es una serie mayúscula, esta quinta temporada -dividida en dos tandas de 8 episodios- es (elegir cualquiera de los adjetivos iniciales, u otro término similar): no ya porque se recogen las consecuencias de todo lo anterior (y de qué apabullante forma), sino porque nunca se desdice a sí misma, nunca se contradice y siguen explotando esos recursos que hacen que la serie pase del sobresaliente a la matrícula de honor.

En lo que respecta a la trama, en lo que es la sucesión gradual de acontecimientos, esta quinta temporada recoge lo que se ha ido generando en temporadas previas: los inicios en la temporada 1, las primeras consecuencias en la temporada 2, la reafirmación del negocio a gran escala en la temporada 3, la consolidación del monstruo Heisenberg en la temporada 4 y, por fin, la conclusión en esta (de nuevo adjetivo del inicio) temporada 5.

En dicha conclusión, se recogen las consecuencias de todo lo anterior y se ve a la perfección cómo todo está relacionado; es raro encontrar algún cabo suelto, como si la exhaustividad rayando en paranoia de Walter White estuviera relacionada con la construcción de estos guiones. Todo acto tiene sus consecuencias y por más inteligencia que medie en el proceso, no se puede tener bajo control un imperio de drogas sin que algo pase. Pero vayamos por partes, y esas partes son una escalada de tensión continua hasta llegar a la culminación final en Felina.

En el primer episodio (Live free or die) retomamos la línea temporal después de un breve y enigmático flashforward en el que vemos a Walter con pelo, unas gruesas gafas de pasta y una desaliñada barba celebrando solo en un bar su 52 cumpleaños, para a continuación armarse hasta los dientes: tal y donde se quedó la 4ª temporada, con la explosión en la residencia Casa Tranquila. Lo que en cualquier serie hubiera sido un punto y aparte por completo, aquí hay que indagar en las consecuencias. Y el ordenador portátil de Gus puede resultar un peligro potencial porque ahí están todas las grabaciones que efectuaba. Por eso Walter, tras deshacerse de todas las pruebas que le podían incriminar en la explosión y en el envenenamiento de Brock, contacta con Jesse y ambos se reúnen con Mike para solucionar el tema.

Vale, que sí, que lo de los imanes es una flipada, pero esa flipada mcguiveriana es totalmente verosímil con la relación con la ciencia que representa Walter y por más que a Oliver Stone le parezca ridículo (he saids), lo importante es la continuidad con la lógica interna que se plantea, o si no desterraríamos la ficción desde que don Quijote arremete contra los molinos. 

A continuación se trata de cerrar los cabos sueltos que pueden incriminar a lo que se conforma como nuevo trío asociado: Walter, Jesse y Mike, pese a las reticencias de este, que odia a Walter y lo considera una bomba de relojería. Nueve hombres al servicio suyo podrían cantar ahora que la DEA ha interceptado las cuentas secretas de Fring, urge volver a fabricar dinero, porque la solución que propone Lydia (Laura Fraser, cara nueva que se incorpora a la nómina de BB con pasmosa naturalidad), una de las ejecutivas de la empresa alemana que proporcionaba a Gustavo el material tecnológico (de ahí ese desconcertante inicio del capítulo 12, Madrigal, con Peter Schuler, un alemán que termina suicidándose tras una cata de salsas), eliminar a los nueve, ni se lo plantea Mike.

La enésima vuelta a la fabricación de droga (algo que demuestra la maestría de esta serie porque nunca es igual y siempre hay algo diferente) se retoma en casas normales que van a ser fumigadas. Ahí entra en acción el aparentemente pusilánime Todd (Jesse Plemons, uno de los trabajadores de este grupo de ladrones encubiertos en esta empresa) y, por su parte, Mike mantiene a raya a sus hombres, mientras que Skyler está desactivada bajo el miedo que le produce su marido, que por otra parte está con una confianza inusitada y mueve los hilos de sus manipulaciones a su antojo, como demuestra con Jesse y el cigarro de ricina (que guarda en la clavija del enchufe, algo que se retomará a continuación).

Claro que le dura poco la paz en casa porque Skyler reacciona por fin y tras la espectacular escena de la piscina en la que camina hasta sumergirse para llamar la atención de una manera desesperada, quiere que sus hijos no estén en la misma casa que ellos. La muy criticada Skyler, por más que duela a muchos fanáticos de Heisenberg, es la toma de conciencia más racional y honesta que se podría tener. El 51 que previamente Walter había hecho dibujar con el bacon en el desayuno de su cumpleaños toma relevancia con respecto al 52 que él hará en ese avance temporal del inicio de la temporada.

El contraste entre la situación familiar y la profesional (mejorada con el espectacular robo de metilamina en el tren) crece imparablemente para Walter, aunque pronto se le acaba la tranquilidad también en el negocio, puesto que Jesse, impactado por la muerte del niño de la tarántula a manos de Todd tras el atraco del tren, quiere dejar el negocio, al igual que Mike, acorralado por la policía. En el capítulo 7, Say my name (impresiona cuando se lo hace pronunciar al tipo que quiere hacerse con el negocio), el descarrilamiento de Walter es definitivo, como se ve en la resolución que toma con Mike

Por eso, cuando resuelve dejarlo como le pide Skyler en otra impactante escena (frente a un montón de fajos de billetes), es demasiado tarde, y una casualidad hace que Hank descubra el libro de Walt Whitman que Gale le había regalado. Gliding over all abre una puerta tremenda al giro que van a tomar las cosas. Menuda tortura haber tenido que esperar un año entero para su continuación, me cuesta imaginarlo...

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