La huella de Lorca. Carlos Hernández y El Torres. Norma Editorial

(112 páginas. 16€. Año de edición: 2011)
 "La vida del poeta granadino, a través de los ojos de los que le rodearon. A través de historias reales y testimonios sobre el genial poeta granadino, en esta novela gráfica descubriremos la imborrable huella que Federico García Lorca dejó en todos los que lo conocieron en Granada, Madrid, La Habana o Nueva York, incluyendo al propio padre del dibujante. Carlos Hernández y El Torres reconstruyen la fi gura de García Lorca a través de los ojos de aquellos que compartieron su vida... y su muerte."
Este cómic (o novela gráfica, vaya), formado por 12 capítulos independientes y desordenados cronológicamente, nos trasladan a todo aquello que hace referencia al entorno de Federico García Lorca, aunque él esté más bien ausente en casi todas las viñetas (o esté presente sin estarlo físicamente). Y es que el mayor acierto a este original acercamiento biográfico a uno de los poetas más universales es que lo veamos a través de los ojos de los demás. 

Otro protagonista del cómic es la ciudad de Granada, que no sale muy bien parada. Una frase que la define es esta: "Lo que debería ser hermoso y correr libre entre la luz es algo que los mismos granadinos entierran en la oscuridad". Otros que no salen bien parados son Luis Buñuel y Salvador Dalí (especialmente este, que aparece en dos ocasiones y en las dos parece un enajenado que vive un papel dentro de su vida), quienes dieron la espalda al que era su amigo y le dedicaron su célebre "Perro andaluz". Ambos podrían consignar lo que subyace (como las aguas del Darro) como uno de los temas principales: la envidia que suscitó un personaje luminoso y lleno de carisma.

El dibujo es muy destacado, con ese color sepia casi blanco y negro y ese realismo y detallismo en la mayor parte de las viñetas. El trabajo de Carlos Hernández (primero, por lo que he leído, y no sólo en el dibujo, sino también en la documentación) es muy reseñable, tanto en las distintas historias como en las imágenes al terminar las escenas, como si fueran fotos o grabados suyos. Un detalle que conforma una gran unidad a la obra es acabar y terminar con Alfonsito, el niño que aparece al principio viajando a Riaza y en la penúltima escena, más una tercera más a modo de colofón, ya en modo crecidito justo para terminar y cerrar el círculo con el propio autor, hijo de Alfonso.

Al estar tan fragmentada la historia, las escenas se devoran, con lo que cualquier lector se puede acercar a este acercamiento tan apasionado de Federico García Lorca. Predominan las escenas en torno a la muerte, aunque algunas como la de La Habana o la de Nueva York se centran en ese duende que tenía. Tampoco falta un episodio relativo a su infancia, aunque sea por medio de un paisano al que Lorca salvó la vida y por eso no quiere participar en su fusilamiento. Ver, por otra parte, sitios o aspectos emblemáticos en la vida del poeta del Romancero gitano, como la Residencia de estudiantes o La Barraca, resulta hasta emocionante. La única pega que le pondría es que me falta un apéndice o una especie de glosario identificando a los personajes que aparecen y que no siempre son reconocibles (¿quién es Carlos, el protagonista de la escena que transcurre en Madrid en 1938, el dueño de la perra Chorpatélica?). Algo así como una guía de por qué aparecen, quiénes son y por qué fueron tan importantes en la vida (o en la muerte) de Lorca. Sobre todo pensando en el uso didáctico que se le podría dar a este cómic (o novela gráfica, vaya).

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