Sumisión. Michel Houellebecq. Anagrama

(288 páginas. 19,90€. Año de edición: 2015)
No sé si volviendo a leer Plataforma o El mapa y el territorio tendría la misma sensación con este libro que, más allá del ejercicio de política-ficción que recrea la llegada al poder del partido Hermandad Musulmana a una Francia paralizada y sumisa, reduce su argumento a la mayor pobreza posible; esa pobreza está directamente relacionada con el inane protagonista. Y lo digo porque sí recuerdo -aparte de los turbulentos pasajes sexuales- que los personajes de este polémico escritor francés siempre son atormentados y abúlicos, reacios a la sociedad en la que se inscriben, huraños y misántropos como al parecer debe de ser el mismo Houellebecq (o si no, su agriado gesto y su desaliñada vestimenta son signos de lo más equívoco).

El protagonista, François, un hombre de 40 años, profesor de la universidad Sorbona-París III, experto en la vida y la obra de J.-K. Huysmans (que, permítaseme mi ignorancia, no sabía si era un autor real o inventado, luego ya he visto que casa muy bien con nuestro autor, no en vano sus trabajos "expresan un disgusto por la vida moderna y un profundo pesimismo"), sin relación alguna con sus padres, poco dado a los contactos sociales con sus compañeros y liado con Myriam, una de sus alumnas, asiste casi impertérrito a la ascensión al poder de Mohammed Ben Abbies, el líder de este partido musulmán moderado, a pesar de que casi de inmediato su llegada provoca cambios directos que le afectan (por ejemplo, las universidades quedan bajo el control de las fortunas saudíes).

Si nos alejamos, como digo, del ruido que provocó este ejercicio, asociado a los actos terroristas contra Charlie Hedo (y, posteriormente, a los atentados en París), y de toda esa parafernalia imaginada para 2022, nos queda un magro espacio para la ficción que se nos presenta. La parte política, sobre todo al inicio, parece panfletaria, hay aspectos difícilmente digeribles, como la parte en la que las mujeres se postulan bajo el supuesto machismo musulmán, e incluso las conversiones al Islam, requisito fundamental para seguir dando clase en la universidad ("No hay sino un dios y Mahoma es su profeta"), son un elemento sin fuerza literaria.

Creo que la garra en esa crítica a la sociedad moderna se ha perdido aquí. Y sin ese aspecto, Houellebecq tiene poco que ofrecer, puesto que la novedad de esos personajes carentes de empatía e incluso de respecto hacia el prójimo, que podrían ser paradigmas del ser humano en el siglo XXI, ya se ha perdido. No me ha transmitido como en otras ocasiones esa desolación asociada a la deshumanización que se propone. No me ha transmitido mucho, de hecho, más allá de un fragmento de la página 250:
"Paseé (...), un poco sorprendido por mi propia nostalgia, sin dejar de ser consciente de que el entorno era verdaderamente feo (...), pero la nostalgia no es un sentimiento estético, ni siquiera está ligada al recuerdo de la felicidad, se siente nostalgia de un lugar simplemente porque uno ha vivido allí, poco importa si bien o mal, el pasado siempre es  bonito, y también el futuro, sólo duele el presente y cargamos con él como un absceso de sufrimiento que nos acompaña entre dos infinitos de apacible felicidad".
Me han sobrado páginas y explicaciones, no me he creído en ningún momento la hipótesis planteada, la linealidad cronológica es anodina y por momentos aleatoriamente irrelevante (que si pierde una mochila, que si contrata a putas de lujos con las que no llega a sentir placer, que si se encuentra con una compañera cuyo marido pertenece a los servicios de inteligencia...), no hay personajes secundarios que llamen la atención y ese escritor francés, Huysmans, no tiene el carisma suficiente como para que las intrigas en torno a su obra, o las referidas a los docentes universitarios, resulten interesantes. Pese a todo lo dicho y lo aparentemente árido que puede resultar este libro, se lee fácil gracias a sus no muy extensos cinco capítulos y su estructuración en secuencias más o menos breves. 

Comentarios

Juan Carlos Galan ha dicho que…
Hola Juliii:
Menudo varapalo que le arreas a Michel Houellebec (ja, ja...). Estoy convencido que merecido, pero me río porque imagino la cara que este Pope de la literatura en Francia pondría si te leyera.

Yo no he leído este relato, la verdad es que del novelista francés sólo he leído "El mapa y el territorio" y he de decir que me gustó bastante. pero entiendo que en esta ocasión el escritor echa pie a tierra pues aunque sea política-ficción los últimos acontecimientos (como tú bien indicas en tu post) dan un sentido de actualidad y oportunidad a la novela imporesionantes. Si embargo estoy contigo en que la calidad literaria, la verosimilitud, etc., poco tienen que ver con la posibilidad de que una suposición se convierta en realidad. Puede ser -como dices- que haya mucho panfleto en esta narración. No lo sé, tendría que leerla para estar de acuerdo o no contigo.
Lo que sí es claro es que esta reseña tuya es valiente, directa y no se anda por las ramas. Ya sólo por esto me ha gustado mucho.
Un fuerte abrazo
Juliiiii ha dicho que…
Hola, Juan Carlos.
Muchas gracias por tu comentario.
Me han entrado muchas ganas de que leas este libro para ver cuál sería tu opinión sobre él. Me imagino un comentario igual de valiente y directo, comentarios que nos podemos permitir el lujo de hacer al no deber nada a nadie en nuestros blogs (por cierto que al tuyo tengo dificultades de llegar, no estoy muy acostumbrado al Google + al que me lleva tu hipervínculo.
Un abrazo