Game of Thrones. S05E07. The Gift

(24/05/15)

Aún es pronto para emitir juicios generales, pero es cierto que esta temporada está un poco por debajo de las dos últimas, quizás a la par con la 2ª, a la que también le costó coger un poco el ritmo con tramas en las que los respectivos trayectos ocupaban más espacio que la acción. Estamos hablando, eso sí, de una producción grandiosa basada en una colección de libros increíble de la que, por fuerza, tiene que ir separándose. La fotografía, la ambientación, la puesta en punto, en definitiva, impide que bajemos GoT del notable alto en todo momento. Pero incluso los más escépticos o impacientes habrán de reconocer que este séptimo episodio supone un giro importante de los acontecimientos.

(Venga, va, vamos a salpicar el asunto con unos cuantos spoilers)

Y es que creo que este capítulo es el gozne para que la trama se dispare. Ya no se puede decir que no está pasando nada. Al menos dos acontecimientos harán sacudir los cimientos de los Siete Reinos: hablo del encarcelamiento de Cersei y del encuentro entre Tyrion y Daenerys.

Pero el episodio no es sólo eso. Da la impresión de que Sansa se acerca a la madurez definitiva. Ramsay le está dando un máster acelerado a base de moretones. El imán de psicópatas de esta pelirroja es insuperable y los destellos de autoafirmación de la Stark puede que queden en nada, pero yo creo que Sansa se desquitará de alguna manera, redimiéndose por fin (previa ayuda de la vigilante Brienne, por ejemplo). Ni siquiera el despellejamiento de la anciana del "North remembers", vía -enésima vez- Hediondo, podrá detener ese engranaje, por más que cometa errores garrafales como confiar en que el que fue un orgulloso Theon Greyjoy le sirva de ayuda para algo.

La mayor duda que me deja este capítulo es si Stannis perseverará en negarse al sacrificio que le propone Melisandre: tengo a un 50% las opciones entre si elegirá a su hija o el trono. Y es que el invierno parece que ha llegado (al menos a la puerta de Winterfell) y eso favorece a los Bolton, ya que los ejércitos de Stannis están sufriendo o directamente desertando. 

Para acabar con el Norte, Jon parte con Tormund (y con vidriagón) y Sam se queda más solo que nunca, sobre todo cuando el Maestre Aemon muere (¡albricias, primera muerte natural en la serie!). Sir Alliser se lo avisa poco amistosamente, y unos cuervos le meten una paliza al tratar de defender a Gilly. Menos mal que el gordito recibe una buena recompensa a cambio (¡y menos mal que este no se escuda en el puñetero juramento de la Night Watch!).

Es cierto que baja un poco el pistón la trama de Dorne, pese a escuchar la buena voz de Bronn y ver que una de las Serpientes de Arena tiene unas buenas tetas, pero de momento no nos dice mucho los intentos de Jaime por llevarse a Myrcella consigo. De no sé cuántos hilos narrativos de los que conforma Game of Thrones, que haya un par más débiles tampoco es un bagaje demasiado demoledor, ¿no?

A cambio, y si ya teníamos varios frentes abiertos como para conformar un notable episodio, y eso que no he referido la conversación entre lady Olenna y Petyr Baelish (tiembla King's Landing cada vez que estos dos se conjuran), añadamos que sir Jorah da con Daenerys (quien debería poner distancia con Daario y sus consejos "pacifistas") en los entrenamientos de los "gladiadores" (Spartacus, ¡sal a la arena!) y le ofrece un regalo ante el adusto semblante con el que le recibe. Y el regalo es para los espectadores: ¡Tyrion dirigiéndose a la Khaleesi! ¡Qué emoción!

Como emocionante ha sido ver a Cersei recibiendo el mismo trato que ella depara al resto. Sólo la derrota electoral de Esperanza Aguirre ha sido más "regocijante" que ver a la Lannister besar el suelo de la cárcel tras el choque con el descubrimiento de esta quinta temporada: el Gorrión Supremo. Ojito con esta secta, que tiene pinta de derrocar (o al menos someter) al ocupante del Trono de Hierro. Y ojito con los tres episodios finales que restan. Como si esto fuera el gráfico de la bolsa, el indicador se va a disparar deparándonos emociones fuertes, muy fuertes.   

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