Dates. Temporada 1

(Channel 4. 9 capítulos: 11/06/13 - 04/0713)
La sorpresa veraniega del año, Dates. Una serie sin demasiadas pretensiones que en principio venía en horarios un tanto extraños (tres días seguidos en la primera semana, dos en las siguientes hasta llegar a los 9 capítulos totales) y que no parecía aportar nada nuevo: parejas conociéndose a través de una página web de citas. Lo visto y revisto en cine y en tele, sin demasiada fortuna demasiadas veces. Pero el boca a boca es imparable y aunque en principio no le prestas la más mínima atención, te va creando curiosidad y si encima está Oona Chaplin (Talisa en Game of Thrones, ay), picas en el anzuelo que tan bien han dispuesto (entre otros, el Asesino en serie).

¿Cuáles son los ingredientes para el éxito, para que esta serie de 25 minutos destinada en principio a un sector bastante concreto y reducido rompa todos los esquemas? Fundamentalmente son dos: los personajes y los diálogos.  Bueno, tres, hay que añadir la sencillez. Solo se nos quiere mostrar situaciones en una primera cita, personalidades diferentes que se entrecruzan y que dan pie a interacciones que van desde lo divertido y simpático, hasta lo patético y degradante.

Pronto vemos que hay personajes que repiten y es algo de lo que nos alegramos. Las píldoras de cada episodio se antojan escasas y te quedas con ganas de saber más, así que si encima conocemos a alguno de los personajes de un capítulo anterior, es como estar en una segunda cita con él. Lo más conseguido es cómo se transmite verosimilitud y cómo se te pone en antecedentes con muy pocos datos. Porque acaba el episodio y no sabes muy bien de qué va ninguno de los personajes, demostrando que han logrado el cometido propuesto antes de empezar la cita: dar lo mejor de sí mismos y no mostrarse en exceso (a veces ninguno de los dos presupuestos se cumplen, eso sí).

No hay diálogos memorables, son frases para salir del paso, tópicos manidos, intentos de entablar esa función fática del lenguaje, con nervios, dudas, miedos, inseguridades, aunque a raíz de esos prolegómenos tensos y dubitativos, el espectador va reconociendo actitudes, va encontrando en su entorno personalidades, situaciones o momentos de su propia experiencia y va estableciendo una imagen mental de cómo son cada uno de los citados, algo que se afianza cuando llegan otros temas y algo más de relajación; las dosis de ingenio son asumibles y te crees a quienes te han presentado. Unos te caen mejor, otros peor, de unos te fías sin saber por qué, a otros les pones la cruz negra. Se bordean clichés y se da la espalda por completo al romanticismo (no hay ni un solo te quiero, creo). Las pretensiones de encontrar a la media naranja suelen ser bastante mínimas, más bien se trata de probar, de conocer, de cerrar puertas.

Vamos a conocer a David (un desconocido y estupendo Will Mellor) esperando a que su cita llegue. Cuando se da cuenta de que Celeste (la citada y madrileña Oona) estaba ahí sin atreverse a dar la cara, la pone de vuelta y media y la citada Celeste, que luego resulta ser Mia (nadie da su nombre real, le espeta), se interesa por ese chico que parece transparente como un cristal y que le da datos que no cuadran para nada con su forma de ser o de comportarse en esas citas: morena, guapa y misteriosa, demasiado para David, parece, aunque será la pareja que repita en el último episodio y aparecerán en otras citas con otros personajes, como Ellie (Montanna Thompson, una chica que miente con su verdadera edad para que David -muy pillado por Mia, la cual no le contesta- no se vaya), un personaje entrañable a la que deseas que ese final amargo para ella sea solo pasajero; o como Stephen, un cirujano prepotente y autosuficiente que queda desarmado por Mia, ya que esta le suelta que ya la conoce, que pagó por estar con ella (era una acompañante de lujo). Pese a todo, querrá repetir, y en el capítulo 7 será cuando le dé plantón y tenga un encuentro casi fortuito y muy erótico con Heidi (Sian Breckin), una conferenciante casada que vive su particular aventura.

Jenny es otra que repite. Esta maestra de Primaria que parece no haber matado ni a un mosquito tiene su miga y su mano larga. Su cita con  Nick (Neil Maskell), un comerciante pagado de sí mismo y que confiesa haber sido infiel en su matrimonio, resulta un desastre y el episodio 2 queda rematado con el momento cuarto de baño. En el episodio 8 la cosa parece que mejora, con Christian (Andrey Scott): a pesar de que está metido en un grupo religioso, se muestra proclive a abrirse y sincerarse, algo que ocurre cuando están en la cama. Otro revés le servirá a Jenny a superar el plantón de su prometido a última hora.

A Erica (Gemma Chan, que parece una figurita china, modosa ella, elegante, muy educada y algo insegura) la veremos interactuar en el episodio 4 con Kate (Katie McGrath, más segura, resuelta y decidida), con quien discute enseguida porque Kate ve que Erica no está nada convencida de ser lesbiana y no quiere volver a pasar por eso; pero a pesar de varios tiras y aflojas, la química entre ellas es evidente (como se ve en la escena en la que unos chicos les piden bailar) y acaban en la cama (pero la cosa no acaba ahí). Erica, por imposición familiar (sobre todo de su hermano), se cita en el episodio 6 con el excéntrico y vehemente Callum (Greg McHugh), un tipo que es todo lo contrario a ella, nada delicado y fino, que discute por todo y cuya regla es "tolerancia cero" con las injusticias. Es uno de los episodios más divertidos de todos y de ahí, pese a que parecía imposible, puede salir una entrañable amistad.

Lo bueno de que cada episodio te muestre una pareja distinta es que si alguno no te gusta, siempre puedes darle la oportunidad a otros. Tienes al final a tus favoritos (Mia y David se llevan la palma), pero en general no hay ningún capítulo que desmerezca.La serie cuenta con su lista de reproducción en Spotify

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