Game of thrones. S03E08. Second Sons

20/05/13

Contiene spoilers

A tres sorbos del final, ya hay que irse despidiendo de Game of Thrones (snif, snif). Quizá por ello, en este capítulo tenemos menos personajes en juego y se intensifican las escenas o la duración de las mismas, que prácticamente se reducen a dos: las de Daenerys y las de Desembarco, con la excepción de las escenas que abren y cierran este estupendo episodio:


Al inicio, Arya se da cuenta de que no puede matar al Perro a pesar de su oportunidad para después descubrir que no está en Blackwater sino en el Forca Rojo. Es decir, el Perro la lleva a los Gemelos para que se reúna con su madre y con su hermano mayor. Suena demasiado bonito para ser cierto...


Por otra parte, para acabar, tenemos a Sam y Gigly (y al pequeño, sobre cuyo nombre conversan en una divertida charla que versa en crueldad y padres) refugiados en una cabaña que se cae a cachos, ignorando el mal augurio del arciano sobre el que empiezan a posarse cuervos funestos. Tras la enésima fogata fallida de Sam, aparece un Caminante exigiendo la vida del bebé. Hasta que eso pasa, la sangre se te hiela como si estuvieras más allá del Muro. Pero por fin, Sam actúa con valía, clavándole al monstruo el arma encontrada en el Puño de los Primeros Hombres, lo que destruye al monstruo. Luego salen corriendo y aunque le he gritado a Sam para que recoja lo que parece un arma mortal contra los Otros, no me ha hecho ni caso (esperemos que no lo pierda...).


El protagonismo, eso sí, se lo llevan Daenerys, Tyrion y Sansa. Los dos primeros podrían ser los mejores reyes de Poniente en una hipotética y casi imposible alianza. La Khaleesi se reúne con los generales del principal ejército enemigo, los Seconds sons o Segundos hijos a los que alude el título (además de Tyrion y Stannis, que me había olvidado de él, cuando en su trama Melisandre burla lo que parecía un sacrificio cantado de Gendry y se conforma con colocarle sanguijuelas para extraer sangre regia, previo castigo levantado por parte de Stannis a Davos; buena ración de Carice van Houten, por cierto...).


Aunque el bocazas maleducado y depravado capitán lleva la voz cantante, el más joven es el que se revela como más destacado, como parecían indicar las miradas entrecruzadas entre Danaerys y él en esa primera entrevista. La confirmación llega cuando Daario Naharis se infiltra en el campamento de la Madre de los Dragones y llega hasta Missandei y ella misma -que conversaban sobre el dominio de lenguas de la joven, 19 nada menos, mientras que Danaerys apenas tres, y el dothraki no muy allá, como le demuestra Missandei-, que está tomando un baño. El joven Daario le entrega las cabezas de sus compañeros y jura lealtad (con el corazón sobre todo) hacia Danaerys, marcial incluso completamente desnuda saliendo sin pudor ni humillación del baño.

Mientras, y para todos aquellos que se quejan de que no pasa nada en GoT, Sansa y Tyrion se casan. Lo grotesco y lo trágico se dan de la mano en esa ceremonia fría y lúgubre en la que nuestre enano favorito le pide a Sansa -una de las mujeres más altas de todo Desembarco- que se agache para cubrirle con su manto, una vez que el detestable niñato Joffrey (que el torturador de Theon le haga un sitio en su celda) le haya quitado el escaño con el que iba a ayudarse.

Hasta ahora hemos visto la unión compadeciendo a Tyrion, pero hoy, si había alguna duda, de quien habría que sentir pena es del Lannister, cuyo corazón no merece una niña apocada y tonta que no sabe (y puede que no sabrá) apreciar la suerte que ha tenido con un hombre así. "Nunca te haré daño", le prometerá Tyrion. E incluso desobedecerá al temible Twynn, que quiere un descendiente que entronque a los Lannister y a los Stark para asegurarse el Norte. No muchos en los Siete Reinos desafiarían al hombre -quizá- más poderoso del Reino. Pero Tyrion solo quiere que Sansa, de 14 años -ja-, acceda por voluntad propia a mantener relaciones sexuales con él.

Igualito que Joffrey, que antes, en la cena de la ceremonia, había amenazado a Sansa con violarla. Entre eso y la cruel broma de desnudarla en otro estúpido rito que Tyrion paraliza amenazándole con trinchar su pene -tras lo que Twynn tiene que interceder bajo el pasmo y el terror del niñato rey, que luego bien que no se atreve a consumar su amenaza-, Joffrey sigue haciendo amigos (genial Jack Gleeson, premios para él ya). Me sobra la sonrisa orgullosa y aliviada de Shae cuando por la mañana recoge las sábanas de la cama.

Lo que no me sobra son los dos momentos Cersei ante los Tyrell. Primero, ante Margaery, a quien amenaza si le vuelve a llamar hermana recordándole el sino de la familia Reyne de Castamere. Y después, con Loras, a quien no permite ninguna cortesía. Parece difícil que este matrimonio vaya a dar descendientes por la vía lógica. Ya se encargará Cersei de encontrar un Lannister que se encame con ella. Y si no, que se lo digan a Robert Baratheon... Lo peor del capítulo, sin duda, es que tendremos que esperar quince días para el siguiente.

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