Stranger Things. Temporada 1

(Netflix. 8 episodios: 15/07/16)
Como poco, Stranger Things (ST) se ha ganado el derecho y el merecimiento de ser la serie del verano. A las ya alabadísimas referencias ochenteras, con las que ha conquistado de un plumazo a una generación entera de entre los treinta y los cuarenta (aprox...), le unimos unas cualidades que han motivado el boca a boca por el cual se está propagando su recomendación como la pólvora. 

El mérito de ST es hacer fácil lo difícil. El último y más próximo acercamiento a los años 80 había sido la fallida Super 8, del inefable J.J. Abrams, peli que empezaba muy bien pero (para variar) no sabía darle un cierre acorde a las expectativas creadas. ST ha demostrado, sin pretenderlo, que el formato de las series de televisión es el medio perfecto para desarrollar con plenitud y profundidad aquellas maravillosas películas de acción que inculcaban valores sin necesidad de moralinas en nuestros años mozos.

Porque esto no consiste en recurrir a una tipografía clásica para los títulos de crédito o una infografía similar a Tron o V, sumar aventuras tipo Los Goonies, meter un grupito de chavales en bici y una niña pequeña rubia y mona a lo Drew Barrimore como en ET, o que nuestros chavales crezcan en madurez siguiendo unos raíles como en Cuenta conmigo, ni exponernos a unos peligros porque sí a lo Alien o a lo Poltergeist. Tampoco es plantar pósters de Rambo, o mostrarnos imágenes en las teles cuadradas y culonas de antes a HeMan, ni siquiera embaucarnos con la nostalgia de los walkie-talkies

Porque hace falta algo más que conseguir una atmósfera creíble de aquellos años, tanto en decorados como en espíritu, y ST alcanza ese escalón. A partir de ahí puede introducir unos personajes y que estos vayan creciendo y explicándose diferenciadamente. Al mismo tiempo, la trama te va atrapando y los misterios planteados (que no vienen en cascada corriendo el riesgo de luego no ser resueltos) se van desarrollando. 

Pero, ¿de qué va ST más allá de todo esto? 

Ojo, que vienen spoilers

Empezamos con una especie de fuga en un centro de alto secreto del Gobierno que dirige el siniestro el doctor Martin Brenner (casi irreconocible Matthew Modine tan canoso), donde se experimentan todo tipo de armas contra el peligro ruso y comunista. Mientras, un grupo de chavales, Will Byers (Noah Schnapp), Mike Wheeler (Finn Wolfhard), Lucas Sinclair (Caleb McLaughlin) y Dustin Henderson (Gaten Matarazzo), están terminando su partida de rol (ojo que la metáfora del juego es totalmente válida para el argumento) y llega la hora de irse a casa.

El pequeño Will se tropezará por el camino con la cosa fugada y, aunque llega a su casa, desaparecerá de manera misteriosa. En el pueblo de Hawkins, ese típico pueblo norteamericano donde nunca ocurre nada (hasta que ocurre), la madre de Will, Joyce Byers (Winona Ryder, una de las musas de los 90, está de vuelta) da la voz de alarma, junto con su otro hijo, el adolescente y retraído Jonathan (Charlie Heaton).

Si bien en la comisaría se lo toman con bastante calma, al menos el adormecido jefe, Jim Hopper (David Harbour), que le resta importancia en un principio, entre que nunca ocurre nada y que la histeria de Joyce no ayuda mucho, la investigación se pone en marcha. Eso sí, poco a poco se irán preocupando, puesto que Will no aparece y lo que sí aparece es el cadáver del dueño de un bar, Benny (Chris Sullivan, el enfermero de The Knick), a quien los siniestros del gobierno han hecho parecer suicidio (implacable la agente Connie Frazier, Catherine Dyer). Y todo porque el bueno de Benny había dado de comer a una niña de pelo al uno, asustada (y también fugada de ese centro del gobierno). Ni más ni menos que Eleven (Millie Bobby Brown, "la estrella invitada a este show"), que pronto se unirá al grupo de los chavales.

Nos falta completar la trama adolescente con la hermana de Will, Nancy Wheeler (Natalia Dyer), una estudiante de dieces que anda tonteando con el malo del lugar, Steve Harrington (Joe Kerry). La mejor amiga de Nancy, Barbara Holland (Shannon Purser, irreconocible sin esas gafapastas made in 80's, el personaje más trágico de todos), asiste entre resignada y preocupada a este romance, complicado con la puesta en escena de Jonathan. La pobre amiga será la segunda víctima del Monstruo de las Galletas, que por lo visto acude presto a la llamada de la sangre, cual Tiburón terrestre. Solo me queda por mencionar a los Wheeler-padres, Karen (Cara Buono, pone que sale en Mad Men pero no la ubico, aunque su cara me suena) y Ted (Joe Charest). Ella le pone interés y ganas, pero él es un abúlico sin sangre en las venas (sus gafapastas no ayudan a que adquiera carisma).

Los distintos focos convergerán en un momento determinado en la misma dirección, aunque hasta ese momento todas las tramas resultan equitativas en cuanto interés: los pequeños en su fantasiosa cruzada para encontrar a su amigo Will, ayudados por la bicho raro (Lucas dixit) de los superpoderes (Dustin powers); el triángulo bizarro entre Jonathan voyeur, malote Steve y come un poco de tarta y engorda un poco Nancy, la cual se preocupa por su amiga desaparecida y es el nexo de unión con el monstruo. 

Existe un gran contraste entre la preocupación de Joyce y la que muestran los padres de Barb, más bien poca (aunque es verdad que apenas aparecen en pantalla). Winona Ryder, que en el primer episodio me había parecido sobreactuada, poco a poco va aquilatando sus preocupaciones con esa tendencia a parecer una loca. Todo le da igual, excepto encontrar a su hijo, lo cual la convierte en una madre coraje. Aunque por breves momentos su ex marido, Lonnie (Ross Partridge), un jeta vividor, le hace perder la esperanza, su tenacidad es uno de los pilares para que la búsqueda de su pequeño, a quien llegan a dar por muerto en un buen giro del final del tercer episodio, no finalice.

Más me ha gustado el trabajo de David Harbour como el jefe Jim, que recientemente perdió a su hija por leucemia. Un tanto abandonado en un pueblo perdido, su abulia se torna en un creciente interés por un caso que va presentando puntos oscuros, cosas extrañas. Su desinteresada preocupación se convierte en una cuestión personal y se imbricará su labor con la de Joyce primero, y luego con la de los niños. Un detalle: empieza mezclando alcohol y pastillas y estas las dejará a medida que necesita estar con los ojos más abiertos.

Aunque eso sí, los reyes incuestionables son los niños. Trabajo excepcional de Millie para desarrollar una Eleven (como no lo he visto en VO, ¿cómo es la abreviatura de su nombre en inglés? En español, 'Ce') que requiere de muchos registros: amenazadora, frágil, vulnerable, ingenua, enfadada, triste... Te rompe el corazón en las escenas con flashbacks (no hay demasiados, su uso es bastante equilibrado y, creo yo, acertado) con el despreciable doctor Brenner, que explota los sentimientos de la pequeña para manipularla y aprovechar sus poderes telequinésicos para sus fines no explicados. La inocencia y la ternura son dos rasgos fundamentales cuando se besan ella y Mike. En relación a ella, hay que destacar los efectos especiales, sobre todo la escena de la furgoneta.

Y si Eleven se lleva la palma, el resto no desmerecen. Te gana sobre todo desdentado Dustin, aunque esta pandilla de amigos se complementa a la perfección. Las tareas de líder van para Mike, el crítico es Lucas, que se las tiene tiesas con Eleven al principio. Y Will es el perdido, aunque ese final desasosegador seguramente le conceda más protagonismo en esa segunda temporada que antes de empezar ya genera polémica. Todo queda bastante bien cerrado, si bien faltan preguntas por resolver: ¿Eleven está viva como apunta la escena con Jim y el gofre? Brenner seguro que también ha sobrevivido al ataque del monstruo, a tenor de la visita de Jim al coche del Gobierno, y yo sí que creo que hay bastantes puntos que hacen viable esa segunda temporada que tiene que mirarse en el espejo de la primera. El huevo de la bestia que ve en el otro lado Jim, de reminiscencias a Alien, puede depararnos una desagradable para Will. Lo indudable es que la dosis de ciencia ficción con las dimensiones paralelas se ajusta como un guante a la propuesta de ST.

¿Qué más queda por decir que ponerte a verla YA si aún no lo has hecho para que discutamos si es la serie del verano, o la serie del año? Bueno, que tiene una BSO muy apropiada (disponible en Spotify):

Comentarios

Marian ha dicho que…
Esta es una de las series que me tienen enganchadita. No he visto más que dos capítulos, pero está claro que me incita a seguir con ella. En cuanto a si es o no la serie del verano, creo que es algo exagerado.
Besos
Juliiiii ha dicho que…
Tampoco he visto muchas más series, aunque pocas como esta han provocado tanto impacto.
Espero que te hayan gustado los seis capítulos restantes ;)
Más besos